La higiene del paciente es el primer paso para mantener la piel en
óptimas condiciones y además le proporciona un gran confort.
Realizar esta rutina esencial diaria en el caso de un enfermo no siempre
es fácil porque puede ocurrir que tenga una movilidad reducida a
causa de una avanzada edad o por estar encamado.
Además se debe
valorar el estado de la piel del paciente, observando si está sana o si está deshidratada y si tiene algún tipo de lesión cutánea.
Escoger el producto adecuado minimizará el riesgo de complicaciones,
especialmente en pieles dañadas y además conseguiremos un
equilibrio justo entre coste y efectividad.